Antes de que te vayas, déjame decirte que no hubo nunca nadie como tú, que me diera la fuerza para seguir. Déjame suspirar una última vez de amor, déjame acariciarte, y tocarte, y regalarte todo lo que tengo. Bríndame un momento, una sonrisa, un recuerdo con el que sobrevivir, y que veas así,
Que yo ya no soy sin ti.
Pensaré, cuando no estés, en aquel fugaz edén, donde nos hicimos y encontré perdido el ayer, entre polvos de furia y motas de mentira, donde borramos cualquier día en el que no hubiera caricias ni estrategias para volver a verte cuando el tiempo se echa encima, esquivando las heridas y alguna perla perdida, donde buscamos luz en la montaña y nos quemamos la piel, allá donde yo ciega vi tu alma y le pedí un poco de ti, y ella me pidió paciencia, y yo le entregué un reloj, para verte siempre en las estrellas y no confundirte con la arena y borrar las pisadas en las que un día morimos, aunque me cueste.
Estaré allí donde me busques, aunque tú no me encuentres, pensaré todo por ti y lucharé por encontrar una mina de alegría que explote en vida a cada paso que des;
Donde tú veas la felicidad, donde yo te vea a ti.
Que yo ya no soy sin ti.
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Estaré allí donde me busques, aunque tú no me encuentres, pensaré todo por ti y lucharé por encontrar una mina de alegría que explote en vida a cada paso que des;
Donde tú veas la felicidad, donde yo te vea a ti.
Que yo ya no soy sin ti.
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