Me gusta cuando me miras y esbozas esa tímida sonrisa en la que por un momento, pareces feliz.
La lluvia cae como un suicidio de estrellas.
Pero tú y yo no nos mojamos,
seguimos estancados en nuestra balsa de madera,
naufragando en un mar celestial
de un azul cielo atravesado por miles de gorriones.
Libres, así nos creemos,
y nos extraña que el águila nos mire desde arriba con desprecio.
Lo que ella no sabe, es que yo tengo una llave que abre cualquier puerta,
tengo el mar, y tengo el cielo,
en la palma de mi mano y dentro de mi pecho,
buscando una salida, pero no le dejo,
es mía,
y con nosotros se queda.
Tú no sabes lo que es, pero yo lo inventé.
Es la lágrima en mis ojos,
cuando me miras y esbozas esa tímida sonrisa;
transparente como el agua,
y liviana como el viento.
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