La puta manera en que me haces sentir.
Nada se iguala a eso.
Una vez te miré y fue suficiente para saber que ya nada sería igual, al menos, para mí. No sé cuándo ha pasado esto, ni cómo. Fue un día, de repente, que te vi caminar tras todo un verano que olvidé en el instante que pasaste por mi lado. Fuiste apareciendo en mis sueños y deseaba que lo hicieras en mi cama. Tras cientos de batallas y miles de derrotas, debería abandonar todo atisbo de esperanza de que algún día, tus ojos se crucen con los míos, pero mi boca no pide permiso para sonreír cada vez que te asomas por mi cabeza, y cuando creo que te olvido, vuelves a aparecer para recordarme que siempre estarás haciendo sombra a todos mis sentidos, y siendo mi única realidad.
Sin embargo, todo lo que siento, todo por lo que vivo, mañana no importará. Partiremos, y nuestros destinos tomarán caminos opuestos. Tú volverás a la tierra de la que viniste, y yo viajaré por cualquier lugar donde el tiempo me prometa llevarte consigo.
Seremos simples recuerdos invisibles,
las palabras impronunciables.
Nunca empezó, pero ya ha terminado.
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