Llegará el tiempo en el que los días helados se vuelvan al fin fríos,
cuando la tormenta pase y el sol se marche del cielo y venga aquí, justo a mi lado, para darme la mano y templarme un poco el corazón.
Porque calor, solo me lo das tú.
Y al tocarme, nuestros alientos se convierten en copos de amor que chocan contra la humedad de nuestras sábanas; de nuestras vidas.
No fuimos conscientes del horror que suponía oír el alma estrellarse contra el suelo,
hasta que se rompió en quince millones de esmeraldas,
una por cada noche perdida sin ti.
Me quedé hasta el final,
pude ver la sombra de tus párpados marcharse de tus ojos y volar sin mi,
mientras tus pestañas caían y yo intentaba recogerlas para no olvidar tu mirada cuando en mi reflejo en el espejo no viera más que dos perlas grises que parecían interminables,
apagándose...
Me quedé contigo,
y me fui para siempre...
porque no me he vuelto a encontrar.
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