Qué puedo hacer,
qué más ofrece el cielo,
pedí una casualidad,
y trajo un regalo envuelto en miedo.
Unos segundos fugaces,
en los que saltaron chispas,
tembló el suelo,
y a la luz se le acabó el tiempo.
Las palabras en el aire,
y los momentos desnudos,
bailaban alrededor,
esperando el final del duelo.
Navegaba una estrella,
escuchando atenta a su ansia,
tragó saliva el misterio,
y cualquier duda se despejó.
El reloj pregunta,
cómo fue que por mirarte,
morí,
si el pasado es el presente del futuro.
.
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