30 marzo 2018

Vuelve el Norte

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Si llamaras a mi puerta,
la abriría,
te miraría,
y reviviría esa sensación de que algo no está bien que transmiten tus ojos fríos al colisionar con los míos.

Por eso no quiero que llames a mi puerta.
O sí.

Si vinieras a buscarme,
me encontrarías,
probablemente en el bar donde nos concimos,
bebiendo preguntas que ya no tienen sentido y nunca quisiste responder.

Por eso quiero que vengas a buscarme.
O no.

Si volvieras,
no me marcharía,
ni te echaría como la última vez,
y te haría viejas promesas que acabaría rompiendo de nuevo.

Por eso no quiero que vuelvas,
porque no me podría resistir,
a decir que sí.
.

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