
Si llamaras a mi puerta,
la abriría,
te miraría,
y reviviría esa sensación de que algo no está bien que transmiten tus ojos fríos al colisionar con los míos.
Por eso no quiero que llames a mi puerta.
O sí.
Si vinieras a buscarme,
me encontrarías,
probablemente en el bar donde nos concimos,
bebiendo preguntas que ya no tienen sentido y nunca quisiste responder.
Por eso quiero que vengas a buscarme.
O no.
Si volvieras,
no me marcharía,
ni te echaría como la última vez,
y te haría viejas promesas que acabaría rompiendo de nuevo.
Por eso no quiero que vuelvas,
porque no me podría resistir,
a decir que sí.
.
No hay comentarios:
Publicar un comentario